Entrevista a Lola del Castillo, participante de New Homes

¿Cuál ha sido su papel concreto en el proyecto New Homes y en qué aspectos técnicos se ha centrado su trabajo?

El objetivo del grupo de investigación del CAR-CSIC involucrado en este proyecto ha sido el diseño y desarrollo de algoritmos basados en técnicas de inteligencia artificial y de aprendizaje automático para procesar la información que ofrece distintas métricas asociadas a la marcha de una persona. El resultado de este procesamiento aporta conocimiento sobre su salud, en concreto, indicadores que pueden revelar la presencia o no de condiciones de fragilidad sin la necesidad de acudir a un médico para su diagnóstico. Además del análisis de la información suministrada por los sensores de vibración en el suelo, nuestro grupo ha instrumentado mínimamente a los participantes con sensores inerciales con el fin de cotejar los resultados obtenidos por uno y otro tipo de sensores.

¿Qué significa convertir una vivienda en un “entorno inteligente” sin que resulte invasivo para quien vive en ella?

Aparte del cambio estructural que puede conllevar poner los sensores debajo del suelo de su casa, para el inquilino significa desenvolverse de forma natural por su domicilio llevando a cabo sus rutinas diarias sin que se sienta observado ni controlado.

¿Cómo se diseñan sistemas capaces de adaptarse a las rutinas cambiantes de una persona mayor sin exigirle interactuar con la tecnología?

Estos sistemas para que sean fiables y eficaces requieren de un volumen grande de datos de entrenamiento. Para ello, es necesario contar con muchas personas con diferentes estados de fragilidad que realicen una tarea tan cotidiana como caminar por su casa varias veces y que puedan repetirlas en distintos momentos para observar posibles cambios.

¿Qué retos ha planteado el trabajo con datos reales procedentes de viviendas habitadas frente a los entornos controlados de laboratorio?

Este planteamiento es, por un lado, más natural y ecológico, como he dicho anteriormente, pero también ha implicado comprobar la respuesta de los sensores de manera precisa en las viviendas habitadas y el hecho de disponer de una vivienda concreta para tomar datos lo más homogéneos posible, en lo que a ámbito de experimentación respecta, de todo el grupo de personas implicadas en el estudio. Otro de los retos ha sido contar con datos con mucha variabilidad, consecuencia de las tecnologías empleadas, no solo entre sujetos con diferentes estados de salud sino en un mismo sujeto entre una prueba y otra.

¿Qué ha aportado la colaboración con profesionales de la geriatría y otras disciplinas a su forma de plantear soluciones tecnológicas?

Nuestro grupo tiene una tradición y experiencia asentada ya después de muchos años y de muchos proyectos de investigación y desarrollo en el ámbito sociosanitario y, específicamente, trabajando en ensayos complejos en los que intervienen personas seniors con enfermedades neurodegenerativas. Por tanto, es habitual que empleemos estrategias que recojan la multidisciplinariedad de estos dominios.

Desde su punto de vista, ¿qué potencial tienen estos sistemas inteligentes para extenderse a otros ámbitos de la vida cotidiana o del cuidado domiciliario?

Estos sistemas podrán emplearse para identificar patrones de conducta basados en la movilidad de los inquilinos en su casa y detectar cualquier posible desviación de la normalidad, que puede ser indicativa de deterioro cognitivo, para generar alertas que empujen a una visita y a un diagnóstico clínico. También, enfermedades neurológicas que cursan con alteraciones de los patrones de la marcha, como la enfermedad de Parkinson.